𝗥𝗲𝗱 𝗔𝗹𝘁𝗼 𝗡𝗶𝘃𝗲𝗹, 𝟮𝟴 𝗱𝗲 𝗮𝗯𝗿𝗶𝗹 𝟮𝟬𝟮𝟱.- Este 29 de abril concluye la segunda gestión de Óscar Hassenteufel como presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Su liderazgo, iniciado en un contexto de crisis institucional tras la crisis electoral de 2019, fue clave para recuperar parcialmente la estabilidad del órgano electoral. Sin embargo, su salida deja en evidencia nuevos desafíos para la entidad, en medio de una creciente desconfianza ciudadana.
La elección del nuevo presidente del TSE se realizará en un contexto de reserva y poca claridad sobre los criterios de selección, comparado por analistas a un “cónclave”, similar al proceso reservado que sigue la Iglesia Católica para elegir a un Papa. Esta falta de transparencia genera preocupación sobre la independencia del Tribunal y sobre posibles afinidades políticas que podrían comprometer su imparcialidad.
Actualmente, el TSE está conformado por siete vocales, de los cuales seis fueron designados por la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) y uno por el Presidente del Estado. Esta última designación, aunque legalmente permitida, despierta recelos sobre una posible subordinación del Tribunal al Órgano Ejecutivo, en un escenario político altamente polarizado.
Además, la ruptura de los principios de alternancia y paridad de género en 2023 —cuando Hassenteufel fue reelegido junto a Francisco Vargas, ambos varones— plantea un reto adicional. Desde 2010, el TSE había mantenido una distribución paritaria en su directiva, alternando los cargos entre hombres y mujeres. La falta de alternancia y equidad fue vista como un retroceso en términos de representación democrática.
La decisión que tomará la Sala Plena no solo definirá el liderazgo del Tribunal en un momento clave, sino que también tendrá profundas implicancias para la credibilidad del proceso electoral de este año. Diversas voces señalan que la nueva directiva debería respetar los principios de alternancia de género, proponiendo que la presidencia recaiga en una mujer y la vicepresidencia en un hombre, en consonancia con los propios proyectos de ley que impulsa el TSE.
El país espera que esta elección no sea solo un trámite interno, sino una muestra de compromiso con la transparencia, la equidad y la consolidación democrática en un momento en que la confianza en las instituciones electorales es más necesaria que nunca.
